Para algunos, las turbulencias son poco más que una molesta perturbación durante el vuelo. Para otros son una pesadilla. En cualquier caso, es importante tener en consideración que las turbulencias, aunque puedan ser incómodas, raramente son peligrosas. Pero, ¿qué causa las turbulencias?, ¿y cómo las manejan los pilotos?

 

  1. Turbulencias causadas por el viento

Por expresarlo de forma sencilla, tenemos que enfrentarnos a las turbulencias si atravesamos aire turbulento. Es algo como tripular un barco bajo una tormenta. Las turbulencias a gran altitud y a baja altitud son diferentes. Las turbulencias que se producen cerca del suelo, a menudo, están causadas por fuertes vientos. Pueden ser problemáticas a la hora de despegar o de aterrizar en caso de tormenta.

 

  1. Turbulencias causadas por el aire ascendente

A gran altitud, la turbulencia se produce cuando el aire asciende verticalmente, de abajo a arriba. Funciona de la siguiente manera: el sol calienta la tierra y el aire que hay sobre ella. El aire caliente se expande y asciende. Esto produce lo que denominamos una corriente de aire ascendiente. A medida que el aire sube, su temperatura baja hasta el punto de rocío. Si el aire sigue subiendo, comienzan a formarse en él partículas de humedad, creando las nubes. Y eso es bueno, porque ahora podemos ver la turbulencia, no solo desde la ventana de la cabina de mando, sino también en el radar meteorológico.

Sin embargo, si el aire que asciende está muy seco, no se forma la condensación y no podemos ver la turbulencia. A esto se denomina turbulencia en aire claro y es complicado, porque puede cogernos desprevenidos. El radar meteorológico tampoco puede detectarlas porque el aire no contiene partículas de humedad que puedan reflejar las señales de nuestro radar.

El movimiento vertical del aire normalmente se detiene a gran altitud porque las temperaturas son muy bajas, motivo por el que podemos volar con mayor suavidad por encima de las nubes. Algunas veces, no obstante, las nubes cumuliformes pueden abrirse camino a gran altura. Normalmente las encontramos en áreas tropicales, y hacemos todo lo posible por rodearlas.

En resumen, normalmente nos encontramos con turbulencias a menores altitudes de nuestra atmósfera. Antiguamente, antes de que las cabinas de los aviones estuvieran presurizadas, debíamos volar a menor altitud, donde las turbulencias son más habituales.

 

  1. Turbulencias causadas por corrientes en chorro

Una corriente en chorro es un viento extremadamente fuerte a gran altura que alcanza velocidades superiores a 300 km/h (150 nudos). Estos vientos soplan principalmente de oeste a este en el hemisferio norte, motivo por el que, normalmente, se tarda más en llegar de Ámsterdam a los destinos en Norteamérica cruzando el Atlántico, que a la inversa.

En el vuelo de ida tratamos de evitar la corriente en chorro, ya que significaría volar con viento en contra. En el viaje de vuelta, tratamos de aprovechar al máximo el viento de cola. Como consecuencia de ello, un vuelo de Nueva York a Ámsterdam puede durar hasta 2 horas menos que el viaje de ida.

El problema con la corriente en chorro es que puede cambiar de dirección de forma repentina si encuentra áreas de altas o bajas presiones. En estas curvas pueden producirse multitud de turbulencias, de forma similar a lo que ocurre en los ríos de aguas rápidas.

 

  1. Turbulencias causadas por las montañas

Si se está produciendo un fuerte viento, el aire puede ascender al encontrar montañas altas. Esto puede causar olas que pueden sentirse a gran altura y a gran distancia. Como consecuencia de ello, algunas veces encontramos turbulencias al sobrevolar sistemas montañosos.

 

  1. Turbulencias causadas por el vórtice en la estela del avión

Existe también una forma de turbulencias causada por el propio avión. Esta turbulencia en la estela es similar a lo que deja un barco atrás cuando atraviesa el agua. Como norma, los aviones más grandes generan estelas más grandes, y los aviones pequeños son más vulnerables en caso de que entren en una. Este es el motivo por el que existen normas que especifican la distancia y el intervalo mínimos entre 2 aviones.

Ahora ya sabe por qué parece que un Boeing 737 espera mucho tiempo en la pista después de que despegue un avión de grandes dimensiones.

 

Pero, ¿qué pueden hacer los pilotos?

Durante la preparación del vuelo, siempre estudiamos las previsiones meteorológicas. Esto nos permite predecir si podemos esperar turbulencias y dónde.

A lo largo del vuelo tratamos de evitar todas las turbulencias que vemos desde la cabina o en las pantallas del radar. Mantenemos también contacto con el control de tráfico aéreo y con otros aviones que se encuentran en la zona para mantenernos informados sobre las condiciones meteorológicas.

 

Turbulencias inevitables

A veces, las limitaciones del tráfico aéreo nos impiden evitar las turbulencias o nos vemos sorprendidos por una turbulencia que no podemos ver en el radar. Es en esas ocasiones cuando se encienden las señales que indican abrocharse el cinturón y se le solicita que ocupe su asiento inmediatamente. Si la turbulencia es muy marcada, dejamos incluso de servir a los pasajeros y los tripulantes de la cabina de pasajeros también tienen que abrocharse sus cinturones. Es algo importante por la seguridad de todos.

A menudo me preguntan si una turbulencia puede dañar un avión. Las posibilidades de que esto ocurra son muy bajas o nulas. Los aviones son, en realidad, bastante flexibles. Una vez visité la planta de Boeing y vi el ala de un 747 doblada hacia arriba varios metros en una estructura de pruebas, solo para soltarla de nuevo de golpe. Repetían esto una y otra vez, día tras día, año tras año, y todo permanecía intacto. Por tanto, si en alguna ocasión tiene un asiento de ventanilla y ve que el ala sube y baja, no se preocupe, está fabricada para eso.

¿Le suena familiar?

Stay Connected
Latest News